CUANDO LAS EMOCIONES NO SE EXPRESAN

Las emociones humanas cumplen una importante función no sólo para la supervivencia de la especie, sino también para mantener el equilibrio físico y mental.

Infortunadamente, los seres humanos rechazamos nuestros sentimientos porque tenemos la creencia distorsionada de que si los expresamos se pueden salir de control y dañar a quienes nos rodean.

Hay que hacer la diferencia entre identificar y conocer los sentimientos y llevarlos a la acción. Si te permites contactarlos, ellos te pueden señalar qué es lo adecuado para ti.

Un sentimiento puede ser eliminado de la mente, pero no del cuerpo. Tarde o temprano, los sentimientos desagradables se transforman en síntomas desagradables, y la incapacidad o dificultad para expresar sentimientos tiene consecuencias dolorosas:

  • Pierdes el contacto con tus sentimientos y terminas haciéndote insensible a los mismos.
  • Si pierdes el control sobre esta área tan importante de las relaciones interpersonales, aumenta el resentimiento y la angustia.
  • Se lesiona tu autoestima y aumenta la insatisfacción contigo mismo/a y con los/as demás.

 

¿Cómo manejar sanamente las emociones?

La expresión y comunicación de los sentimientos no es sólo una elección de las “palabras adecuadas”; están relacionadas con la toda la persona y en ellas se involucran el tono de la voz, la expresión facial, la postura del cuerpo y los gestos.

Para expresar los sentimientos de modo  asertivo y que promuevan las buenas relaciones, deben ser aceptados y reconocidos como propios para luego ser clarificados ante los demás.

El aumento de la percepción de los sentimientos y la elección de respuestas adecuadas  ante los mismos, es un proceso que se puede aprender y tiene 4 componentes básicos:

  • Contacto: la persona se conecta con el sentimiento y con el cuerpo; por lo general las respuestas fisiológicas en el cuerpo indican que está ocurriendo una respuesta emocional: boca seca, sudoración, rubor facial, respiración acelerada, presión en el estómago, entre muchas otras.
  • Identificación: al nombrar un sentimiento, se reconoce que existe; pero lo importante no es el nombre científico de la emoción, sino el significado que tiene para el individuo que lo emplea: miedo, desilusión, tranquilidad, impotencia, indignación, placer, etc.
  • Control: significa apropiarse  de los sentimientos. Una forma inequívoca de hacerlo es diciéndolos en voz alta lo cual genera un sentido de pertenencia que facilita la aceptación de los mismos. En este punto, el lenguaje ayuda a precisarlos: “Me siento asustada”, “Estoy dolido”, “Me siento alegre”, “Me da mucha rabia”, “Tengo ganas de llorar”. Ninguna persona hace sentir a otra un determinado sentimiento; mucho menos la obliga a tenerlo. Simplemente todos/as tenemos la capacidad de percibirlos en nuestro cuerpo.
  • Respuesta: implica expresar a otra(s) persona(s) las emociones. “Me encanta tu sonrisa”, “En este momento, estoy molesta y no deseo hablar de eso”, “Me entristece verte así”.

Lo que el termómetro es a la temperatura, son las emociones a la afectividad humana. La principal estrategia para restaurar nuestro equilibrio psico-corporal y de manera rápida, es tomando conciencia de ellas y expresando con claridad lo que sentimos.

Como toda habilidad que se aprende, requiere de entrenamiento y repetición. Comienza tomándote unos minutos al día sólo para observar tu cuerpo y conocer las señales que te envía.

 

Fuentes documentales:

Fensterheim, H. y J. Baer. No diga si cuando quiera decir no. Grijalbo: Barcelona.

Verduzco, M. y A. Moreno. Autoestima para todos. Editorial Pax: México.

 

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